jueves, enero 26, 2012

Lo de Camps y mucho más



Lo de Camps y su "no culpabilidad" se veía venir por varios motivos. 

El más obvio de todos es que el caso estaba cogido por los pelos y el delito juzgado, "Cohecho pasivo impropio", suena a broma marxista (de los Hermanos Marx) más que a corruptela asquerosa. Lo cual, por supuesto, no quita que se haya podido ver un muestreo, una cata, de la calaña moral de la gente que está en el poder y rodea a los que están en el poder.

Todo el asunto de los trajes (como apesta al follón del "estraperlo" de hace un siglo) ha sido aquello de "mucho ruido y pocas nueces". El PSOE y sus medios afines vieron carne, hincaron el diente hasta el hueso y han tratado de vender la imagen de que el PP de Valencia (y, por extensión, el de toda España) es un nido de corruptos, bigotes y tramas oscuras de vicio y mentira. 

Eso hay que concederlo, lo han conseguido. La imagen de Camps está por los suelos y la del PP valenciano algo más (insisto, se ha montado un follón digno de mejor causa cuando en esa comunidad el que apesta a kilómetros de distancia es otro... que parece que se va a ir de rositas si un juez no le mete mano antes). Así que, aunque no hayan condenado a nadie por el tema los trajes (una multa, ¡por Dios! tanto escándalo para que, en el mejor de los casos, les hubiesen condenado a una multa), el daño a la imagen está hecho y la estaca ha sido muy bien clavada en la vampírica carrera de este señor y su escudero Costa.

Ayer estaba twitter que se caía. Parece que la decisión de nueve paisanos del jurado ha sentado como una patada en el culo y ha demostrado a muchos que eso del Jurado es una cosa muy chunga. Y es que lo es. No hay nada tan aleatorio, manipulable e impresionable como un grupo de personas sujeto a la capacidad seductora y amenazadora de unos abogados, los medios de comunicación y el qué dirán. Cuanta gente se cae del guindo con este tema... ¿o no?

Quizá no tanto. Mucho comentario airado versaba no sobre el Jurado sino sobre algo mucho más grave. Mucho contertulio de 140 pulsaciones opta por echar mierda sobre la Justicia en general "por ser de derechas" y melindradas parecidas. Y, con esa argumentación tan nuestra, tan cañí, tan espantosa, llegamos al punto de encuentro de la crítica social a la Señora con la venda en los ojos y la balanza en la mano alzada: si el reo es "de los nuestros" todo lo que no sea "absolución o inocencia" se explica con el cántico de "la justicia está politizada", en cambio si el reo es "de los otros" todo lo que no sea "condena y culpabilidad" se explica por el mismo principio.

Y así los hunos y los otros van dañando la imagen y el respeto del Tercer Poder del Estado. Porque si a nosotros, los que no jugamos en la liga de las estrellas mediáticas y políticas, si a nosotros que cuando nos las vemos con la Justicia se nos encoje el fistro duodenal, si a nosotros los popes nacionales no paran de decirnos "la Justicia es una mierda" ¿qué cara se nos queda cuando esos mismos popes no hacen NADA por mejorar la supuesta mierda de Justicia que dicen que tenemos? 

Pues se nos queda cara de contribuyentes. O sea, de paganos. O sea, de como nos ven realmente los políticos y sus aledaños: nos ven como borregos a los que exprimir para que ellos (Camps, Costa... pero TAMBIÉN, Blanco, Griñán, Chávez, Matas, Bono -¡ay, Bono, ¿dónde te metes, picarón?-...) sigan al business para y con sus amigos.

Y aún no he dicho nada de lo de Garzón. I love that! Pero eso para otro impulso.

domingo, enero 22, 2012

Lisboa

A modo de desconexión parcial con lo cotidiano nos hemos propuesto salir de viaje unos pocos días al año. Esta vez elegimos ir a Lisboa para quitarnos esa espinita que supone tener tan cerca Portugal y no visitarlo nunca.

Así que allá que nos fuimos. Si tengo tiempo les presentaré con calma y cierto detalle el pequeño viaje. Hasta que llegue ese momento coloco aquí a modo de recordatorio una foto que tomé desde lo alto del Castillo de San Jorge.


lunes, diciembre 26, 2011

Probando si esto funciona

Hace unos minutos he descargado una aplicación para escribir entradas desde el móvil. Si funciona medianamente bien creo que le daré bastante uso.


lunes, diciembre 05, 2011

Historias del tren



Escribo esto mientras el AVE trota por el sistema ibérico hacia Madrid. Si al final se publica y sale la cosa aceptablemente bien podré maravillarme como, muchos años atrás, se maravillaba un delicioso personaje de Chesterton: el tren llegará a Atocha regularmente. 

Desde luego da qué pensar la revolución tecnológica que hemos vivido en los últimos veinte años. Hace veinte años, por ejemplo, mis viajes en tren a Madrid eran tediosos, largos y muy aburridos. Daba igual si llevaba conmigo buenos libros, música en el walkman o libros de pasatiempos. Al final las cuatro horas de intercity o talgo se me hacían eternas. Recuerdo que, con cierta esperanza, los pasajeros esperábamos que el jefe de estación de Guadalajara le diese al revisor la cinta VHS con el telediario de medio día. Así, al menos, podríamos ver en aquellas televisiones un tanto especiales las noticias actuales. Porque, los que hayan padecido en sus carnes las películas y documentales del tren sabrán apreciar el frescor y dinamismo que destilaba un telediario de TVE... 

En esos viajes de tren bastante aburridos he vivido de todo pero, lo que más expectación me provocaba, era saber qué espécimen de acompañante me iba a tocar. Como todo el mundo rezaba porque no se sentase nadie a mi lado para así poder montar mi campamento, pero las más de las veces tenía "vecino". Tratando de recordar los más característicos me salen unos pocos:

- Una monja dormilona, que se subió en mi misma estación, se santiguó y se queda frita hasta llegar a Madrid. Lo peor del viaje fue, sin duda alguna, cuando sentí la urgente necesidad de ir al baño y ella ¡oh, terror! estaba en el asiento del pasillo... no recuerdo muy bien que extraño juego de acrobacias llevé a cabo pero, logré salir y entrar sin que la buena señora se despertase. Desde entonces siempre pido pasillo en el tren o en avión, porque mi agilidad ya no es la que era.

- Un abuelo que luchó prácticamente todas las guerras del siglo XX (y creo que hasta del XIX): este buen hombre tenía una perentoria necesidad de hablar. Y se lo noté en cuanto se me sentó al lado. Yo, como buen estudiante de Historia por aquellos años, me dije a mi mismo "esto es una oportunidad cojonuda de vivir en primera persona la "historia actual" y "las fuentes humanas". Pues ale, ¿qué quieres caldo? Pues dos tazas o veinte. Empezamos por la Guerra Civil, dónde este señor luchó en los dos bandos porque era electricista de profesión y primero lo engancharon unos y luego los otros. Y, según él, su estatus de "comunista católico" le permitió dar el salto sin muchos problemas. Luego me contó su viaje a la URSS con la División Azul para "limpiar el expediente". Y después se lanzó con la guerra del Sidi-Ifni que, o a mi no me cuadraban las cuentas, o al señor este ya le vino un pelín mayor el combate contra los marroquíes. Me soltó un tocho sí, pero lo hacía con tal gracia y alegría que no quise pararle. Reconozco que la hora y media que estuvo sentado a mi lado se me pasó volando.

- Una embarazada cotilla, con dos barras de pan y con una historia muy rara. Esta es, a mi juicio, la más extraña, ya que en cuanto se sentó a mi lado empezó a preguntarme cosas personales sin ningún pudor. Ya me mosqueé cuando empezó diciendo "Esa chica tan guapa de la que te has despedido en el andén ¿es tu novia?"... huelga decir que no lo era, era mi hermana, pero no me negarán que empezar una conversación de tren de esas maneras es un poco extraño. Luego me contó porqué viajaba con dos barras de pan (al parecer había ido a Zaragoza el día anterior a comprar el pan desde su pueblo y había perdido el tren de vuelta ¿¿¿???). Y terminó hablándome de lo bien que le sentaba al cuerpo de una mujer el embarazo porque le brillaba más el pelo. Reconozco que cuando se bajó del tren a mitad de trayecto sentí un cierto alivio interior, creí que me encalomaban un bebé ¡y dos barras de pan duro!

- El señor extranjero aficionado a Picasso. Este fue estimulante intelectualmente porque era como tener sentado al lado a un híbrido entre Hemingway, Orson Welles y George Orwell. Era un inglés, de padre americano y madre escocesa, que había venido a España por primera vez en 1950 y, desde entonces, había sentido que "esa tierra era mi carne". Se pasó todo el viaje cantando loas del país, de sus gentes y de la cultura. Y, para colmo, hablaba con cierta propiedad porque no le detecté ninguna patada a la Historia, el Arte o la política. Me pareció curioso que quisiese compartir conmigo su devoción por Picasso (recuerdo que decía ese apellido con auténtica pasión, casi con reverencia) y no entendía que no hubiese más artistas así actualmente en España porque "esta luz, estos cielos tan azules, estos eternos campos amarillos y marrones, estos bosques recónditos" tenían que producir, por fuerza, personas capaces de pintarlos y cantarlos. No le faltaba razón.

- La chica de la manzana verde y la mirada de gata. Esta fue, de lejos, la más llamativa de todas las personas con las que he compartido asiento en el tren. Me tocó ir a contramarcha al principio del vagón y en la siguiente parada se me sentó en frente una chica algo más mayor que yo. Sólo llevaba una mochila de cuero marrón. En puridad, más que sentarse, se posó porque había algo en ello etéreo, inexplicable. De repente, al poco de ponerse el tren en marcha, sacó de su mochila una perfecta manzana verde, brillante y jugosa. Estiró el brazo y me la ofreció sin mediar palabra y yo, como buen caballero, dije que no, que gracias, que ya tenía bastante con mis chocolatinas y chucherías. Ella se encogió de hombros y me clavó una mirada que aún no se si decía "tu te lo pierdes, eres gilipollas, ¿eres gay?" o cosas peores. Ahora, al tener una gata en casa he llegado a la conclusión de que aquella mirada era de gata, estilo "Milady", la de Dartacán y los Tres Mosqueperros. Y sigo sin saber qué me quiso decir, pero compréndanlo, yo era joven, inexperto y bastante estúpido. Y no me quejo, la vida me ha sonreído pese a que no mordí aquella manzana así que ¡me alegro de no haberlo hecho!

sábado, noviembre 26, 2011

Mi lista de ministrables

Ahora que ya han pasado las elecciones (erecciones, para algunos) generales son muchos los sesudos analistas políticos que estrujan sus ciceronianas neuronas tratando de dilucidar quienes serán los nuevos ministros del Reino ¿Quienes se verán en la disyuntiva de "jurar o prometer" la Constitución?

Me encanta ese baile de nombres que sólo sirve, en puridad, para perder el tiempo y jugar a ser augures con el nuevo Gobierno. Pero oye ¿y lo entretenidicos que están los contertulios y los periodistas? 

Como yo no quiero ser menos que ellos y, de hecho, aspiro a uno de sus puestos para darme paseos vigorosos por las televisiones y las radios, con mi verbo fácil como mejor (¡y única!) arma dialéctica, ahí va mi lista de ministrables para el nuevo gobierno encabezado por Mariano Rajoy.

Aquí tenéis MI GOBIERNO:



- Ministro de Economía y Hacienda: El Tío Gilito. 


¿Qué mejor que un rico riquísimo para hacer que el país sea cada vez más y más rico? De probada solvencia a lo largo de los años, el Tío Gilito sabe que todos aspiramos a darnos unos cuantos baños en esas masas de monedas de oro que le han hecho tan popular. Así que, pongámonos en sus palmípedas manos y ¡a enriquecernos!




- Ministro de Defensa: Tony Stark.

Para dirigir la política militar y liderar a los ejércitos hace falta un líder que conozca los entresijos de la Seguridad y la Defensa, dispuesto a dar el salto al uso masivo de la snuevas tecnología y, sobre todo, que esté dispuesto a mojarse cuando llegue el momento. Y no me dirán que su doble faceta de investigador científico y de playboy molón no sería un revulsivo para nuestro apolillado país.




- Ministro de Justicia: Juez Dredd.


Hace falta alguien que conozca los entresijos de la Ley. Mejor aún ¡hace falta alguien que sea la Ley! Resolutivo, ejecutivo, sin sentimientos y dispuesto a aplicar al máxima de "sed lex dura lex" hasta sus últimas consecuencias. Y no me dirán que no es una ventaja tener en el puesto a alguien al que nunca se le ha visto la cara: así seguro que no trata de ganarse el jornal por guapito. Un tío serio y currante, eso es lo que hace falta.



- Ministro de Interior: Lord Vetinari "El patricio".

¿Qué es España comparada con Ankh-Morpork? Así que imaginad lo maravillosamente bien que funcionarían las cosas dentro del país si se pone al frente de este ministerio al mismísimo "patricio". Seguro que se acaban los problemas de inseguridad y desorden en nuestras calles. Un puesto un tanto complejo para el más taciturno y efectivo de los hombres ¡Qué fichaje!





- Ministro de Sanidad: Panoramix.

Los problemas de la sanidad pública solucionados con una simple poción mágica. Son todo ventajas fichar al druida más conocido de todos los tiempos: aparte de la salud de hierro que tendríamos todos en las olimpiadas nos saldrían las medallas de oro por las orejas. Eso sí, preveo problemas con todos aquellos que dudan de la efectividad de los remedios naturales. Pero ¡no temáis! Panoramix nunca se pondría una pulsera milagrosa de esas.



- Ministro de Ciencia y Tecnología: Doraemon, el gato cósmico.

Desde luego hace falta en España gente con un don especial para la innovación, la visión de futuro y que sepa valorar el gran empuje que la robótica puede suponer para la humanidad. Y ese alguien, sin duda alguna, es Doraemon. A fin de cuentas es un robot, puede viajar al futuro y regresar y saca de su bolsillo-tripa todo tipo de máquinas que permitirían impulsar nuestra escasa industria pesada ¡Y es un gato! Eso garantiza que cae bien.



- Ministro de Exteriores: Willy Fog.

Para las relaciones diplomáticas es imprescindible conocer el Mundo entero. Y no sólo sobre un mapa o tirando de Wikipedia, sino hay que haberlo recorrido y pisado. Hay que saber cosas como qué horarios tienen los barcos que van de Nueva York a Londres, los globos trenes que van de Bombay a Pekin y cosas por el estilo. Y si, además, se tiene prestancia, educación, presencia y educación, mejor que mejor. Así que ¿alguien puede dudar de la capacidad de este caballero para dirigir nuestra política exterior?


- Ministro de Cultura: El Amo del Calabozo.

Huelga decir que para este puesto hace falta aunar en una misma persona conocimientos, sabiduría, temple, capacidad de aprendizaje y de enseñanza y, como extra, se valora mucho que nos pueda dar poderes a todos. Así que, nadie mejor que este simpático y sabiondo personaje que, eso sí, tiene la extraña virtud de desaparecer en cuanto aparecen los problemas. Vaya, resulta que es un político de raza al fin y al cabo...


- Ministro de Asuntos Mágicos: Juan Tamariz.


¡Tchaaaaaaaariroriroriiiiiiiiiiiiiii! Alguien tiene que controlar el mundo mágico español, alguien que seguro que no se entregará a los cantos de sirena de Voldemort y gente de esa calaña. Y, al mismo tiempo, el puesto debe ser ocupado por una persona con una especial sensibilidad hacia los muggles y las barajas de cartas (elemento, este, indispensable tanto para ganar dinero como para divertir al personal con trucos diversos). Así que nuestro mejor mago al puesto de ministro. ¡Qué tiemblen Gandalf, Merlín y Fistandantilus!

domingo, noviembre 20, 2011

Ab urbe condita... por decir algo.

La BBC emite para todo el mundo. Incluidos los que no creen en ella.

Hace unas semanas fue noticia que la cadena de radiotelevisión pública británica BBC había decidido dejar de usar el sistema de datación referenciado en torno al nacimiento de Cristo (ya saben, el clásico "antes de Cristo" y "después de Cristo") para utilizar una referencia denominada "Era Común".

Así lo que antes era, por ejemplo, el año 46 "antes de Cristo", pasaría a ser denominado en la BBC como el año 46 "antes de la era común".

La razón esgrimida para este cambio la explica muy bien el Daily Mail en su artículo "BBC turns it back on year of Our Lord: 2000 years of Christianity jettisoned for politically correct 'Common Era'" pero viene a ser, en resumen, que el Departamento de Ética y Religión ha decidido promover ese cambio para evitar ofender a los no cristianos. Al parecer, a juicio de la BBC, cuando se citaba una fecha con la datación "Before Christ" -B.C.- y "Anno Domini" - A. D.-, se ofendía a todos aquellos no cristianos que no tienen por qué asumir un sistema referenciado a un evento religioso ajeno a sus creencias.

A juicio del citado departamento, dirigido por Aaqil Ahmed, con el uso de una nueva referencia más aséptica y alejada de cualquier denominación religiosa la BBC da un paso evidente hacia la convivencia y el respeto absoluto por todos sus posibles tele-videntes y radioyentes (y webeyentes, o como se diga).

Entiendo el razonamiento seguido (y asumido) por la BBC y por eso mismo me parece una completa memez. Respetable (apenas) pero bastante discutible. El fondo es, sencillamente, expulsar una vez más al Cristianismo del espacio público bajo el argumento tradicional (ya tiene sus buenos trescientos años) de que la religión es algo privado y, por lo tanto, no puede ocupar espacio públicos (plazas, calles, planes de estudio, televisiones) que son usados por gente creyente y no. A fin de cuentas, los occidentales se supone que defendemos el laicismo como uno de los pilares de nuestro sistema político.

El Papa Gregorio XIII retocó el calendario
y, por el camino, se comió  11 días.
Y el sistema cronológico no podía escaparse, claro.

Lo curioso es que el ataque sea sólo contra el "apellido" de las fechas y no contra el numeral en sí. Al parecer lo que incordia es la referencia al Señor y a Cristo más que la referencia temporal. En vez de ir contra el dígito van contra el adjetivo, contra la referencia explícita pero no contra la implícita. Al menos los revolucionarios clásicos, los aspirantes a Imperios, los macarras de la Historia, sí que arramplaban con todo cuando se ponían a reventar el calendario "Cristiano". 

Por ejemplo, en la revolución francesa no sólo se cargan el "después de Cristo" sino que, directamente, empiezan a contar los años desde la misma revolución, siendo 1792 d.C. convertido en el año 1 del nuevo Calendario Republicano.

Y además, puestos a eliminar, también quemaron los meses (con esos nombres tannnn religiosos y monárquicos: Marzo -del dios Marte-, Junio -del dios Juno-, Julio -por Julio César-, Agosto -por Octavio Augusto-, mejor cosas del ámbito natural como "brumario", "termidor" o "germinal") y los mismos días (domingo -¡día del señor!-) pasaron a ser numerales (tan racionales, tan asépticos, tan científicos) encuadrados en un sistema decimal.

Así que, en realidad, la BBC incluso se queda corta en su cruzada laicista. Es lo que tiene ser unos revolucionarios funcionariales. O, sencillamente, que quieren crear un nuevo símbolo anti-cristiano, una especie de victoria de imagen (getting Christ out of your lives) que no genere un caos cronológico. A fin de cuentas la datación Cristiana es la referente a nivel mundial y culturas exógenas y milenarias la han aceptado como compatible con las suyas sin mayores problemas (por ejemplo, China y Japón), otras la han tolerado junto con sus propios calendarios (como las naciones musulmanas o la civilización persa) y las organizaciones internacionales lo han asumido como el calendario de referencia (la ONU, la FIFA, la OMS, etc.). Por lo tanto, la BBC (que no se ha inventado esto, sino que se suma a una corriente revisionista ya existente desde los años cincuenta) opta por asumir una pose políticamente correcta... a su juicio.

La Era Común, por lo tanto, mantiene la datación cronológica occidental-Cristiana pero evitando la referencia a Cristo pese a que sigue marcando el cambio del "antes de" al "después de" en el año tradicionalmente asignado al nacimiento de Cristo. En puridad, vienen a ser lo mismo que viene sucediendo con los días festivos: descristianizar la causa (25 de diciembre: nacimiento de Jesús) pero manteniendo el efecto (día festivo). Quitar lo explícito pero mantener lo implícito. Vagar, por lo tanto, entre la hipocresía y la radicalidad.

Así que, al parecer, decir que Julio César fue asesinado el 14 de marzo del 44 a. C. es ofensivo pero decir que murió el 14 de marzo del 44 a.e.c. es repestuoso y laico.

Lo más curioso es que la Era Común da el salto entre el antes y el después... ¡el año del nacimiento de Cristo! Por lo que, el cambio pasa a ser una impostura un tanto absurda. A fin de cuentas, la referencia a ese acontecimiento se mantiene como eje transversal de la cronología "de la Era Común" y, por lo tanto, la retirada de Anno Domini y Before Christ es, en puridad, una chuminada.

Laica, sí, pero chuminada al fin y al cabo.

Julio César sufriendo en sus carnes la ira de los contrarios a sus cambios en el calendario romano.

sábado, octubre 29, 2011

Los intrusos de la Historia


Los que optamos por hacernos historiadores asumimos con bastante tranquilidad que nos estamos adentrando en un oficio sin límites profesionales claros. A fin de cuentas la Historia no es un coto privado del conocimiento, repleto de arcanos procesos de aprendizaje y celosos guardianes del dogma (aunque Leopold von Ranke creyese que algo así debería ser el asunto). Sino que es más bien un parque público en el que cualquiera puede usar los columpios con mayor o menor estilo sin importar si los rompe, los manipula, se los lleva a casa o los cambia de sitio.

En otras palabras, cualquiera (repito, CUALQUIERA) puede ponerse a escribir artículos, ensayos o libros de Historia abarcando los más variopintos temas utilizando dos herramientas sencillas: capacidad de síntesis y bibliografía más o menos desarrollada. O incluso tirando de negros.

¿Podemos hablar realmente de intrusismo en la profesión del historiador? A mi juicio no. Aunque en las facultades nos inciten a considerar que sólo nosotros (los que estamos titulados y se supone que tenemos una base instrumental y de conocimientos) somos capaces de hacer buena historiografía, lo cierto es que nuestras materias primas (archivos, libros, memorias, museos, yacimientos) están al alcance de cualquiera. Que nosotros tengamos un "método" de trabajo profesional y contrastado sólo nos permite acercarnos con un mayor entendimiento y objetividad (al menos en teoría) al objeto histórico.

Pero nada más.

No podemos impedir que cualquier persona escriba y publique lo que le de la real gana aunque sean una sarta de tonterías, mentiras o tergiversaciones más o menos malintencionadas. A fin de cuentas, la Historia es un bien común, accesible, público, conocido y repleto de agarraderas para todos aquellos que estén dispuestos a echarlas mano (y en muchos casos con el único objetivo de "meterle mano").

Otra cosa que vemos con mucha reiteración es que estos outsiders tienden a convertirse en adanistas empedernidos y están descubriendo el mediterráneo cada dos por tres. Ahí es dónde los historiadores profesionales podemos liarnos a collejazos con ellos, poniéndoles en su sitio y echando por tierra fácilmente sus afirmaciones, sus métodos (si es que existen) y sus objetivos finales. A fin de cuentas, el 99% de los "intrusos" van buscando el dinero, el negocio, el business. Y escriben un libro de Historia como el que escribe uno de recetas, de consejos para ligar o de trucos para librarse de las hormigas. Aunque, también es cierto, que los libros "de Historia" dan más empaque intelectualoide y sirven para que gente que no pasa de contertulios marrulleros, periodistas mercenarios o figurines guapitos hagan sus pinitos en el mundo editorial.

Así que, si deciden estudiar Historia, estén dispuestos a dar codazos a otros historiadores y a un ejército de paracaidistas para poder ocupar los mejores puestos en los escaparates y mesas de la Fnac. Seguro que alguna librera con buen criterio es capaz de separar el grano de la paja y les coloca en el lugar que se merecen.

Les dejo aquí algunos ejemplos de incursiones de "no historiadores" en el terreno de la Historia y una micro reseña de regalo con una valoración hecha por algún medio de comunicación:  


- Qué la Historia te acompañe, de Christian Gálvez. Subproducto histórico que no va más allá de ser una colección de chascarrillos entretenidos. El autor ni de coña se ha leído siquiera un libro sobre cada tema que toca. Telecinco: 5 estrellas superior.








- El primer naufragio, de Pedro J. Ramírez. Enésima repetición de pretendida originalidad sobre el fracaso democratizador de la revolución francesa. Popurrí de cosas conocidas desde el mismo siglo XIX. El Mundo: 9 estrellas.




- Maestros de la República, de María Antonia Iglesias. Hagiografía camuflada de ensayo. Ejemplo perfecto del proceso de reescritura masiva de la Historia de la II República. Más ficción que otra cosa. El País: catorce estrellas.




- Grandes disgustos de la Historia de España, de Gomaespuma. Resumen humorísticos de algunos momentos muy conocidos de nuestra historia. Los alumnos de la ESO no lo podrán entender. L'Osservatore Romano: una estrella, con reparos.

domingo, octubre 23, 2011

De parranda con Mario, Sila, Emilio, Julio, Aurelia, Servilia, Druso y las Vestales


Este verano comencé a leer un libro que tenía pendiente desde hacía siete años. Lo cierto es que pospuse su lectura por diversos motivos, siendo el principal su grosor y el hecho de que estuviese encuadernado en tapa dura, lo que dificultaba su transporte.

Quizá también influía que era el primero de una serie de seis novelas encadenadas y temía que, una vez empezase con el primero, me viese obligado a leer el resto del tirón. Lo cual implicaba que estaría atrapado en cerca de seis mil páginas de narración en un momento en el que apenas tengo tiempo para leer.

Pero, como decía, me armé de valor y en julio me puse a leer "El primer hombre de Roma", de la autora australiana Colleen McCullough. Para los que no lo sepan trata sobre el fin de la República romana y el ascenso de dos de sus actores principales: Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila. Si el tiempo me lo permite en breve reseñaré esta obra en Sagacomic pero sirva esta entrada como una pequeña llamada de atención sobre la misma.

El primer hombre de Roma es una novela histórica que se lee sin problemas de ningún tipo. No es enrevesada, aunque está plagada de personajes. Tiene un buen equilibrio entre acción, drama, romance y diversión. Se nota que la escritora domina y controla el periodo histórico en el que se mueve, de hecho, me atrevería a decir que el libro se acerca más a la Historia novelada que a la novela histórica (si captan el matiz diferenciador). Y es entretenido. Muy entretenido.

Así que ahora mismo, como me temía, me encuentro leyendo el cuarto volumen de la saga, "Las mujeres de César", y creo que me voy a terminar por leer los seis de tirón... ya sabía yo que esto me iba a pasar...


PD: El de arriba es Cayo Mario y el de abajo es Lucio Cornelio Sila. Y sí, el guaperas rubio y molón era Sila.

jueves, octubre 20, 2011

Creo que ya vuelvo al mundo de las bitácoras pero no lo puedo asegurar al cien por cien. He estado bastante liado y lo cierto es que he tenido que frenar un poco por este lado (y por varios otros realmente) pero nada que no se pueda solucionar.

¡O eso espero! Hay tantas cosas jugosas que comentar... ¡Slurp!

miércoles, octubre 12, 2011

Feliz día de la Hispanidad


Me prodigo poco pero siempre consigo un minutillo para poder gritar...

¡VIVA LA VIRGEN DEL PILAR!