Me parece muy llamativa la rapidez y facilidad con que el PSOE y el PP se han puesto de acuerdo (junto con CiU, desde luego) para llevar a cabo algo tan serio y extraordinario como modificar la Constitución. El motivo de tal actitud responde, según nos dicen, a la urgencia con la que se debe actuar en momentos de crisis como los que vivimos. Y por ello, en unos meses, se habrá añadido a nuestra Carta Magna un nuevo articulado en el que se establezca un tope de gasto y de endeudamiento para el Estado.
Cuando eso se lleve a cabo, es de suponer que veremos escenas de políticos con caras satisfechas, grandes abrazos y miradas al infinito de nuestros proceres dandonos a entender a los ciudadanos que han hecho algo grande, pero grande verdad. Habrán atajado el vicio que tienen de endeudarnos a todos los españoles por medio de la aplicación de un válsamo milagroso: la Constitución.
Ellos, por supuesto, esperan que nos creamos semejante tontería, y lo peor de todo es que esperan engañarnos a nosotros, a ese ente abstracto llamado "los mercados" y a ese otro entre palpable que son el bimonio Francia-Alemania. y ¿por qué digo engañarnos? Por algo muy sencillo: a efectos prácticos la Constitución es papel mojado y no servirá para contener la inmundicia mental que los políticos pretendan volcar sobre España. Con o sin tope de endeudamiento seguirán haciendo lo mismo, gastarán lo que no tenemos para satisfacer sus proyectos y luego ya dirá el Tribunal Constitucional si es o no legal o ilegal o rumboso.
De verdad ¿tan gilipollas se nos ve a la ciudadanía desde la tribuna política?
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