jueves, septiembre 08, 2011

Aunque fastidie, son de los nuestros


A resultas de la caída del dictador de opereta libio "Gadafi" (que parecía, si ustedes me lo permiten, una vedette travestida venida a menos) ha salido a la luz unos vídeos caseros en los que se le ve como a cualquier padre y abuelo embelesado con sus descendientes en edad infantil. 

Me llama la atención que para muchos opiniólogos es incompatible la realidad de abuelete o padre juguetón con la de cruel dictador. Como si lo segundo impidiese lo primero o como si la persona en cuestión sufriese una especie de trastorno bipolar congénito y muy acentuado ya que "los monstruos no pueden ser humanos".

Típico de una sociedad como la nuestra (en la que la maldad, el Mal, es escondido o directamente negado) es que se produzca esta reacción de sorpresa e incredulidad ante una cosa obvia: los seres humanos podemos ser a la vez majísimos y unos grandes hijos de puta. Lo uno no quita lo otro. No somos planos y simplones sino que tenemos recovecos que dan mucho juego y que, en el fondo, son la esencia misma de nuestra humanidad.

Los que aún no lo han hecho, que lo asuman cuanto antes. Los dictadores sanguinarios también son personas. De hecho, suele suceder que en su dimensión "privada" (por llamarlo de algún modo) son gente corriente y moliente, que se conmueve, padece, se alegra y disfruta con las mismas cosas que los demás. Sólo que en sus manos reside un poder que no dudan en usar para obtener sus propios objetivos y fines, y que, casi siempre, implica que otros sean arrasados, gaseados, fusilados o enterrados vivos. Firman un decreto ordenando un genocidio y acto seguido se van a jugar un rato con sus hijos y nietos.

¿Eso puede sorprender a alguien? A mi no, desde luego. Igual que me parece bastante estúpido decir que una guerra es "inhumana" cuando los que la llevan a cabo son humanos. O decir que un comportamiento es por "motivos humanitarios" cuando, seguramente la causa de que se deba actuar por esos motivos humanitarios la han provocado otros humanos.  Y es que, por mucho que nos fastidie, los humanos somos los que solemos salirnos del comportamiento que llamamos "humano". Por eso no debería ser tan llamativo que un dictador sea a la vez una persona.

¡Qué fácil y cómodo es descalificar al que actúa terriblemente llamándole "monstruo"! Creemos que así, como por arte de filológica magia, creamos una barrera que nos separa de él. Los humanos quedamos a salvo de esos monstruos con los que, paradójicamente, compartimos todo: lo físico y lo espiritual. Los genes y los pensamientos. Las debilidades y las fortalezas. Y nos creemos que, efectivamente, estamos en otra dimensión, mejor y más noble, mientras que esos monstruos están allí abajo, en el inframundo, ajenos a nosotros... que ilusos somos.

Humanos, al fin y al cabo.

5 adendas:

Bombur dijo...

Bravo, me ha encantado el texto, no podría estar mas de acuerdo y no tengo mucho que añadir, así que el comentario este quedará en simple y vana adulación, que nunca viene mal.

Último Íbero dijo...

Te agradezco el cumplido. :)

Findûriel dijo...

Texto sencillo pero necesario, impactante pero real. Eres un crack.

Último Íbero dijo...

Gracias Findu, pero no creo ser un crack. A veces intento escribir algunas cosas para aclararme a mi mismo algunas ideas que forman mi opinión pero que no logro definir del todo.

En este caso es algo muy obvio pero que casi nunca percibo en los creadores de opinión (políticos, periodistas, historiadores).

Earendil dijo...

Me gusta.

Tengo una posible razón para lo que dices acerca de los adjetivos de "humano" e "inhumano": se tiende a desvirtual el concepto de "humano", neutro con donde los haya, al vincularlo (paradoja al canto)con el concepto de virtud.

Esto imagino que es porque tendemos a contraponer al animal con el humano. Nos definimos diferenciándonos del animal. El animal (con matices, que este tema da para mucho) actúa por instinto, amoralmente, así que lo que distingue al humano es el obrar consciente y moral. A más consciencia y moralidad, a más virtud en definitiva, más "humanidad". La "inhumanidad" queda así definida por la falta o ausencia de "humanidad"

A esto le falta objetividad por todas partes, pero no deja de ser conmovedor ver que, incluso en el lenguaje, tendemos a buscar el bien y a mejorar lo que somos, aunque la percepción vaya en contra de la verdad "objetiva" XD

Un abrazo tío!