domingo, octubre 23, 2011

De parranda con Mario, Sila, Emilio, Julio, Aurelia, Servilia, Druso y las Vestales


Este verano comencé a leer un libro que tenía pendiente desde hacía siete años. Lo cierto es que pospuse su lectura por diversos motivos, siendo el principal su grosor y el hecho de que estuviese encuadernado en tapa dura, lo que dificultaba su transporte.

Quizá también influía que era el primero de una serie de seis novelas encadenadas y temía que, una vez empezase con el primero, me viese obligado a leer el resto del tirón. Lo cual implicaba que estaría atrapado en cerca de seis mil páginas de narración en un momento en el que apenas tengo tiempo para leer.

Pero, como decía, me armé de valor y en julio me puse a leer "El primer hombre de Roma", de la autora australiana Colleen McCullough. Para los que no lo sepan trata sobre el fin de la República romana y el ascenso de dos de sus actores principales: Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila. Si el tiempo me lo permite en breve reseñaré esta obra en Sagacomic pero sirva esta entrada como una pequeña llamada de atención sobre la misma.

El primer hombre de Roma es una novela histórica que se lee sin problemas de ningún tipo. No es enrevesada, aunque está plagada de personajes. Tiene un buen equilibrio entre acción, drama, romance y diversión. Se nota que la escritora domina y controla el periodo histórico en el que se mueve, de hecho, me atrevería a decir que el libro se acerca más a la Historia novelada que a la novela histórica (si captan el matiz diferenciador). Y es entretenido. Muy entretenido.

Así que ahora mismo, como me temía, me encuentro leyendo el cuarto volumen de la saga, "Las mujeres de César", y creo que me voy a terminar por leer los seis de tirón... ya sabía yo que esto me iba a pasar...


PD: El de arriba es Cayo Mario y el de abajo es Lucio Cornelio Sila. Y sí, el guaperas rubio y molón era Sila.

6 adendas:

El Marqués del Villar dijo...

De Sila decían sus detractores que, de joven, ofrecía sus favores sexuales a cambio de prebendas.

Último Íbero dijo...

En Roma era muy común usar el argumento de la homosexualidad o el libertinaje cuando se quería dañar la reputación de alguien. Lo sufrieron figuras preeminentes como Escipión, Sila, Julio César, Augusto... nada nuevo, por otra parte.

Azelaïs de Poitiers dijo...

¿Qué tiene de malo engancharse a algo que es bueno? Peor es no saber qué leer y ahora mismo ya tienes para unos cuantos días, jajaja.

Juer, yo también valoro la practicidad de leer tal o cual según la forma... los libros de tapa dura gordotes van mal para llevar en el bolso y todavía me resisto al e-book.

En cualquier caso, me apunto esta colección, tiene una pinta tremenda y más ahora que estoy volviendo a ver Roma y estoy sensibilizada con el tema.

Último Íbero dijo...

Pues te gustará mucho, te lo aseguro. Al leerlo da la sensación de que estás ahí. Y no se anda con fingidos estilos clásicos o descripciones metafóricas innecesaria. Pasan tantas cosas que no pierde el tiempo. :P

Ya verás lo fácil que se lee y el buen sabor de boca que deja.

MSol dijo...

Además, acabas medio enamorad@ de César...

Último Íbero dijo...

Vamos, que lo raro es que al final lo asesinen!!!